Chupo seguro

Es uno de los principales accesorios del bebé pero, si no cuenta con medidas de seguridad e higiene, el chupo puede transformarse en un peligroso foco de infección. Qué precauciones tomar y cómo mantenerlo en óptimas condiciones de uso.

A la hora de elegir el mejor chupo para su niño, además de fijarse en la forma tengan en cuenta los aspectos que lo harán seguro y durable.

Directo de fábrica

Es importante que las piezas fabricadas estén bien sujetas. Controlen que la parte que traba la tetina contra el escudo (obturador) sea resistente como para prevenir que el niño llegue a tragarse alguna parte. Si bien las opciones disponibles deben cumplir con una serie de normas de seguridad, también hay chupos que directamente están fabricados en una sola pieza, que pueden ser de látex o silicona. Además, al ser totalmente flexibles no podrán lastimar al pequeño si se caen o se duermen sobre él.

Tamaño ideal

Un punto clave es el tamaño del disco o escudo del chupo. Si es demasiado chico, el bebé podría masticarlo. Por el contrario, si es muy grande podría presionar la nariz del bebé causándole inconvenientes a la hora de respirar. En el mercado hay modelos que ya vienen con una forma adaptada a la nariz del bebé. También es ideal que el escudo cuente con agujeros que faciliten la respiración evitando los eccemas en mejillas y labios.

Precauciones en el uso

Además de evitar exponerlo al sol o a cualquier fuente de calor directa, es muy importante que periódicamente revisen la tetina del chupo para detectar signos de deterioro, como por ejemplo:

• Está muy marrón
• Al apretarla no vuelve a su posición original

En cuanto al agarre del chupo, no es aconsejable el uso de cadenitas o cintas que rodeen el cuello del bebé ya que podrían provocar asfixia. Tampoco se recomienda el uso de alfileres. En cambio, decídanse por las tiras portachupos que vienen con divertidos diseños, pero recuerden sacárselos para dormir.

Siempre limpio

Durante los primeros meses es necesario esterilizarlo con frecuencia, ya sea con métodos tradicionales o químicos, al menos hasta los seis meses, momento en el que las defensas del bebé son mayores, por lo que bastará con lavarlo cada vez que se caiga al suelo.

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